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Relatos
Cronica de un Caído
Capítulo I
Autor: Constantino Constantinidis Poblete
Formato por: Álvaro Pérez Eguizábal Revisado por: Kano Un súbito aliento de vida recorrió su cuerpo sacándolo del su sopor. Estaba entre unos arbustos empapado en lodo. Confundido, observó a su alrededor. No reconocía el lugar en el que se encontraba. Intentó levantarse, pero su cuerpo no respondió bien y cayó al lodo. Se sentía acalambrado. Se frotó sus ojos, los tenía secos y se dio cuenta de que su visión cada vez era más pobre. Tomando fuerzas intentó levantarse nuevamente, a duras penas lo consiguió y se apoyó en un tronco caído ”¿Pantano?”, se preguntó. No recordaba la razón por la que se encontraba allí y aún desorientado, miró a su alrededor para buscar alguna pista de como llegó hasta ese lugar. No muy lejos de él, atravesando unos arbustos secos, logró avistar unos bultos. A paso lento y torpe, apoyándose en lo que tenía a mano, comenzó a acercarse, a pocos pasos logró reconocer lo que eran. Cuerpos decapitados.
Por fin recordó la razón por la cual se encontraba en ese lugar. Intentó caminar un poco más rápido, pero sus pies se enredaron y cayó al fango nuevamente. Al levantar la vista descubrió frente a él la cabeza de un hombre con un gesto de terror en el rostro que le había acompañado después de haber sido decapitado. Al mirar ese rostro una lluvia de recuerdos lo inundó, ”Garther” dijo mordiéndose el labio por el inmenso dolor que sentía. Era Garther, su hermano de armas, con quien había vivido innumerables combates. Se puso de rodillas, tomó la cabeza y miró a su alrededor. Tres cuerpos más. Reconoció a cada uno de ellos, Hera, Mishtrex y Rondall. Todos sus compañeros de viaje, sus compañeros de la resistencia. Sintió que el dolor lo inundaba y comenzó a llorar la perdida de sus amigos. Pasó un buen rato sumido en la pena, hasta que la reemplazó la ira. Se puso de pie rápidamente y comenzó a recordar lo que sucedió. Lentamente se fue formando el recuerdo en su memoria. Los cuatro estaban huyendo de un grupo de orcos. Habían salido con la misión de eliminar al cacique de esa tribu, ya que estaba adquiriendo demasiado poder y era peligroso para la resistencia. Lograron eliminarlo, pero sus seguidores reclamaron venganza y comenzaron a perseguirlos sin descanso Llevaban ya tres días huyendo casi sin dormir ni comer, cuando decidieron ir al pantano. De esta manera no podrían rastrearlos. Poco después de haber entrado en él se encontraron con un grupo de cazadores guiados por un Inquisidor. Estaban demasiado debilitados por la reciente persecución, pero aún así decidieron hacerles frente. Siendo el más hábil con la espada, él fue el que le planto frente al Inquisidor, pero cansado como estaba fue derribado de un certero golpe entre las costillas que lo lanzó entre los arbustos. Repentinamente abrió sus ojos ante el recuerdo de la espada cortando su carne, y buscó el lugar de la herida. Su armadura estaba rota y tenía mucha sangre seca. Rápidamente comenzó a sacársela, no le dolía “¿por que?” se preguntaba. En el fondo temía lo que estaba sucediendo. Al sacarse la armadura sus miedos se confirmaron. La herida partía diagonalmente desde sus costillas hasta su estomago, nadie podría sobrevivir a eso. La desesperación lo inundó, cayó al piso de rodillas, contempló sus manos, blancas, comenzó a temblar y a respirar agitadamente, cuando se dio cuenta de que no respiraba. Sus pulmones estaban rígidos. Miró a su alrededor, sentía que el mundo giraba. Tocó su pecho, su corazón, no sentía sus latidos. Sintió que caía, se apoyo sobre sus manos, “no puede ser” se dijo mirando al suelo, repitiéndolo una y otra vez. “Nooooooooooo” grito haciendo que las aves volaran espantadas Se detuvo, la desesperación lo consumía. “¿Que hacer?” se preguntaba. Se levantó, comenzó a caminar de un lugar a otro, mientras su mente se inundaba de preguntas. Se detuvo, puso sus manos sobre su cabeza, tiró de sus cabellos, “¿Qué soy?”, se preguntó, volvió a gritar, una y otra vez volviendo a caer de rodillas. Miró los cuerpos de sus compañeros caídos, y recordó por que los habían decapitado. A los muertos se les decapita para que las almas no vuelvan al cuerpo convirtiéndose en caídos. Cayó al suelo desmayado. |
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