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Relatos
Crónica de un Caído
Capítulo III
Autor:Constantino Constantinidis Poblete
Formato por: Álvaro Pérez Eguizábal Revisado por: Kano No necesitaba mirar, sabía que estaban allí, los sentía. Fuera había dos personas, dos viajeros quizás, o dos servidores de Izrador. Solo esperaba que no fueran lo último. Se encontraba escondido en las raíces de un gran árbol. El rastro de los orcos lo había llevado hasta ese lugar, pero todavía no les había dado alcance. Por lo menos le llevaban uno o dos días de ventaja. Era el amanecer del segundo día desde que se había despertado y se había dado cuenta de su condición, y el primero desde el que el sol ya no era un aliado para él. Lo cegaba, le producía mareos y sentía que perdía las fuerzas. Ahora era una criatura nocturna. Por eso se escondió en las raíces, para esperar que pasara el día, pero el sonido de pasos y las voces cada vez más cerca lo alertaron.
-¿Sigues estando seguro de lo que quieres hacer?-oyó decir a uno de los hombres. -Si, Moroth, estoy bastante seguro.-dijo el segundo- Tenemos la cabeza del jefe de la resistencia de nuestro pueblo.- continuó, apuntando su morral- Con esto bastará para que los orcos nos dejen en paz durante unos cuantos años, o dejarán de pedirnos tributo, no se, cualquier cosa que nos convenga. Al oír eso sintió que la furia lo dominaba. ”Traidores”, pensó. “Malditos traidores”. Si había algo que odiara más que a los servidores de Izrador, era a los que vendían a la gente que luchaba por sacarlos de la esclavitud. Muchas veces él mismo tuvo que huir de los pueblos en los cuales se había asentado, ya que la gente no estaba de acuerdo con la Resistencia. Les daba problemas, les contentaba vivir en esclavitud. “Malditos”, pensó, empuñando su espada. El odio comenzaba a dominarlo. -Esta bien, Estrus.-dijo Moroth después de pensar un momento en la respuesta que le habían dando- Tienes razón. Después de todo dan buenas recompensas... bueno, según lo que oído decir. Especialmente si son de la resistencia, supongo que nos darán un trato justo.-. “¿Trato justo?”se dijo, “¿Trato justo?, ¿Acaso la esclavitud es un trato justo?”. Lentamente comenzó a moverse hasta que logro distinguir las siluetas. Los dos eran casi del mismo tamaño, no muy fuertes por lo que podía observar. Uno llevaba una espada al cinto y el otro en la espalda. Logro distinguir en uno de ellos un morral, se imaginó que allí iba la cabeza del líder que estaban mencionando. Pero le llamó la atención la forma de hablar de ambos, de caminar, y las armas que llevaban. “Sarcosanos” se dijo. Sintió que estallaba de rabia. No era suficiente con que fueran meros traidores, ahora había descubierto que eran de su pueblo, de su gente, gente descendiente de valerosos guerreros que en los siglos pasados lucharon sin descanso contra Izrador. Ahora no eran más que meros campesinos sumisos. Los dos hombres se detuvieron al ver aparecer ante ellos a alguien con una espada en la mano, y una capucha tapándole la cara, no muy alto y bastante delgado. Sus ropas eran de tonalidades oscuras y estaban completamente llenas de sangre y lodo, y en su espalda llevaba un escudo dorado, arco y flechas. -¿Quién eres?-grito Estrus-¡contesta¡-gritó al ver que no recibía respuesta. -Esto no me huele bien- dijo Moroth con voz dudosa. -Tranquilo, es solo uno.-le replicó Estrus- ¡Hombre, no tenemos dinero! “¡Traidores!” les gritó, pero se dio cuenta de que no emitió palabras, solo un desagradable grito. ”Maldición” se dijo, “no puedo hablar”, soltó la espada y se llevó las manos a la garganta, “no, no, no, no…..”, nuevamente estaba cayendo en la desesperación. Sentía que el mundo giraba. -¡Es un caído, Estrus!, ¡un maldito caído!-gritaba Moroth, mientras sacaba rápidamente su espada-¡Corramos, nos va a comer!-. -¡No podemos!- le dijo Estrus tomándolo del hombro- Si lo dejamos atacará la aldea. Hay que córtale la cabeza. Yo ya he matado a varias de estas cosas antes. -sacó su espada- Necesito tu ayuda. Aprovechemos que esta confundido, vamos. Con cuidado ambos lo comenzaron a rodear.”No puede ser” se decía mientras seguía en un estado de desesperación. No se dio cuenta de que lo habían rodeado hasta el ultimo momento. Instintivamente tomó su espada y la levantó justo para detener la hoja de Estrus que buscaba su cuello.”No puedo hablar” se dijo en el momento que miraba a Estrus, que se encontraba sorprendido,”pero eso es lo de menos. Son traidores, y van a morir”. Con toda su fuerza impulsó su espada hacia arriba consiguiendo que Estrus diera unos pasos hacia atrás. Miró al otro lado. Moroth estaba con la espada en la mano, temblando, sin atreverse a moverse. -¡Maldita sea Moroth!¡Ayúdame!- le grito Estrus, pero Moroth no reaccionó. “Él, primero” se dijo mirando a Estrus. Sacó su escudo y se puso a caminar en su dirección. Estrus no esperó y descargó el primer golpe buscando nuevamente el cuello de su rival, pero este lo paró hábilmente con su escudo, que luego impulsó produciendo que Estrus desviara ambos brazos hacia el lado. Rápidamente aprovechó la brecha en la defensa de Estrus para cortar limpiamente su garganta. Este movimiento le hizo dar un giro dejando a Estrus a su espalda. No necesitaba mirarlo. Sabía que en ese momento tenia las manos en la garganta intentando detener inútilmente la hemorragia. No perdería el tiempo rematándolo. ”Ahora tú” dijo mirando al otro cobarde que no se había atrevido a atacarlo. Moroth vio todo el espectáculo aterrorizado. Ese Caído era demasiado fuerte. En ese momento hizo lo que cualquier persona inteligente hubiera hecho, soltó la espada y salio corriendo. “Cobarde” le grito, pero de nuevo no salio nada claro de su garganta. No lo alcanzaría. Ya le llevaba una gran la ventaja. Soltó el escudo y la espada y sacó el arco de Hera. -Tomate tu tiempo, amor.-le decía Hera al oído. Estaba a su lado, ambos mirando al lince- Tienes toda la ventaja. Antes de soltar la flecha exhala. Eso te relajará, ¿lo tienes?- sonrió al recibir la respuesta afirmativa- Entonces, dispara ¿Qué esperas? La flecha atravesó la cabeza de Moroth de extremo a extremo, a unos cien metros de distancia. “Buen tiro” se dijo. Se había dado cuenta de una gran ventaja. Como no tenía pulso, y ya no respiraba, al menos ya no fallaría tanto. Se levanto, recogió sus armas y procedió a decapitar a los traidores. Revisó el morral en el que se encontraba la cabeza del líder de la resistencia. No lo conocía. Esos Sarcosanos debían venir de alguna aldea distante. Se dispuso a retirarse, pero sintió un dolor agudo en el estomago y cayó de rodillas al suelo. Algo lo estaba afectando, no era el sol. Se sentía un poco mareado. Sintió un olor que le llamo la atención, le pareció raro, hacía mucho que no lograba oler nada. Comenzó a buscar su fuente hasta que la encontró. Sangre. Comenzó a sentir el enorme deseo de probarla. “NO” gritó, un molesto ruido salio de su garganta. “NO”, otra vez, casi no lo resistía, “¿Así es como comienza?” se preguntó, “¿Acaso me volveré loco?”. No pudo resistir mas y comenzó a caminar arrodillado hasta los cuerpos. Si hubiera podido llorar lo hubiera hecho, pero sus lagrimales ya no funcionaban. Tomo el brazo de Estrus, lo iba a morder. Estuvo a punto de hacerlo, pero volvió a sentir el grito de un ave, miro hacia arriba, carroñeras. Sonrió, aún no se dejaría vencer, no antes de vengarse. Sacó el arco y apuntó hacia arriba, “después de todo no saben tan mal” se dijo. |
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